AFP Son las seis de la mañana de un jueves en Lima, pero en las playas del barrio de Miraflores decenas de limeños aprovechan las pocas horas antes del trabajo para hacer surf, un deporte cada vez más popular en una de las pocas megaurbes del mundo donde puede practicarse.
"Te energiza, empiezas el día de manera diferente, desestresado, por el contacto con el mar. Si bien estás en una urbe muy grande como Lima, es un día diferente", explica a la AFP Santiago Mariani, consultor de organismos internacionales, que acaba de aparcar su camioneta y saca la tabla de la parte posterior.
"Es el horario ideal, al meterme al mar salgo reenergizado, con muchas ganas de estar en el día, de estar metido en mis misiones, la verdad es que es espectacular", dice un poco más allá el psicólogo Stefan Reich, que lleva varios meses de aprendizaje.
A su alrededor, en la playa Makaha, varias personas vestidas con trajes de neopreno enceran la tabla o hacen estiramentos para calentar el cuerpo antes de entrar a las aguas del Pacífico. Otros ya están remando con los brazos para poder cabalgar su primera ola del día.
"La capital está en la playa. El Palacio de Gobierno queda a diez minutos de la playa.
Los surfistas trabajan frente al mar. Eso es una gran ventaja de Lima, y además hay buenas olas para aprender", dice Roberto Meza, director de Olas Perú, la escuela de surf más antigua, fundada en 1992.
En pocos minutos, bajo el clásico cielo brumoso de Lima, los cinco kilómetros de playas de piedra gris que contrastan con el marrón de los secos acantilados sobre los que se alza el barrio de Miraflores se van llenando de surfistas de todas las edades y condiciones sociales, en una muestra de que este deporte ya no es exclusivo de las clases acomodadas.
"Ha crecido mucho entre las clases sociales más bajas. En Perú hay alrededor de 100.000 tablistas y cada vez habrá más. Antes en las playas había cuatro o cinco toldos (de alquiler de tablas y escuelas), y ahora hay hasta 20", explica Meza.
Según él, el creciente interés por el surf en Lima también se debe a que el país cuenta con varios campeones internacionales, como Sofía Mulanovich, y el sector se está organizando y profesionalizando a marchas forzadas.
Ya son habituales del paisaje urbano limeño los 'tablistas' andando por la calle o bajando las empinadas escaleras de los acantilados hacia el mar con la tabla en la mano y el ceñido traje de neopreno a medio vestir, las camionetas aparcadas en las oficinas con la tabla en el maletero e, incluso, oficinistas trabajando con la tabla al lado esperando el fin de la jornada laboral para salir al mar.
Y aunque Perú está todavía lejos del nivel de países como Australia, Estados Unidos o Brasil, está naciendo una moda urbana 'surfera', con marcas internacionales y tiendas en barrios como Miraflores, San Isidro o Barranco.
Con la generalización de esta actividad, los precios del material se han reducido mucho en los últimos años.
"Con unos 700 soles (unos 260 dólares) puedes tener tabla, cera y traje, aunque en verano no hace falta traje. Además, una tabla se puede compartir entre tres o cuatro", agrega Meza.
Más tarde, en la playa Punta Roquitas, un señor hace sonar un silbato mientras alza la mano dirigiéndose a uno de los surfistas que, tras dejar una ola, se estira sobre la tabla y se deja arrastrar hasta la orilla.
"Vengo unas cuatro veces por semana desde hace diez años, me doy un duchazo y me voy a trabajar. Marco mi ingreso antes de las ocho", explica a AFP el surfista Juan Mujica, con la tabla en la mano y la respiración acelerada.
"Mis compañeros siempre que me demoro me entienden, porque saben que voy a la playa a hacer mi deporte favorito, que es correr tabla", agrega desvistiéndose mientras el señor del silbato le deja un cubo en el suelo con sus pertenencias, de donde extrae un champú y una botella de agua para sacudirse la sal.
En un instante, Mujica, que trabaja de abogado en la municipalidad, se seca, se dirige al coche y, con rápidos movimientos, saca un traje que cuelga del asiento trasero y comienza a vestirse. "Me voy, que llego tarde", dice tras anudarse la corbata y peinarse con los dedos.
Varias personas practican surf en una playa de Lima, el pasado 22 de febrero. Cada mañana, las playas del barrio limeño de Miraflores se llenan de personas que aprovechan para hacer surf antes de ir a trabajar.
Unas tablas de surf para alquiler, apiladas junto a una carretera cercana a la costa, en Lima, el pasado 22 de febrero. Cada mañana, las playas del barrio limeño de Miraflores se llenan de personas que aprovechan para hacer surf antes de ir a trabajar.
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