Luego de lanzar la primera bomba, la Policía entró primero al cementerio, luego condujo el ataúd dentro y tiró otra bomba para que nadie se acercara. Posteriormente comenzó a sepultar el cuerpo con la zona totalmente rodeada de efectivos Swats con armas en las manos.
Los empujones y lágrimas, productos de las bombas, son notorios, lo que hace difícil realizar el trabajo de los medios de comunicación. Posteriormente, los familiares y amigos del occiso pudieron penetrar al lugar a darle el último adiós.
A pesar de los hechos, la madre del occiso había solicitado a la jefatura policial que no enviarán agentes al entierro para evitar enfrentamientos.
Horas antes, entre música, lágrimas y bebidas alcohólicas, familiares y amigos se preparaban para darle cristiana sepultura a los restos de Gilbert, muerto por la PN en un supuesto intercambio de disparos.
“Se fue, mi hermanito se fue”, es la canción del reguetonero Eddy D que los familiares y amigos del occiso cantan a caro mientras los restos del occiso son llevados al cementerio Cristo Redentor. También se escuchan salsas.
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